Dividir un escenario en dos mitades, hablar desde la tramoya, solfear los días mientras amanece, tocar un papel arrugado y notar el calor de la tinta desgastada, apoyar la frente entre las manos de un sueño, recortar el miedo, sostener el pulso, rasgar un minuto en silencio y viajar hacia la noche con la mochila sin cerrar…