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sábado, 29 de enero de 2011

Relojes de mano

Minutos entre cuatro paredes, silencios quebrados por libros a medio leer, juegos de mesa olvidados, palabras vacías, ideas perdidas entre folios en sucio, tapices desnudos de historias, un flexo, un bolígrafo desgastado y cientos de conceptos cruzados para ese examen que sigue en blanco...

martes, 10 de febrero de 2009

Un cuento y a dormir


Una noche entre luces que se despiden hasta esta mañana y ruidos que dejan la ciudad para susurrar al silencio que ayer había luna nueva. Un cuento sin capítulos y el deseo fugaz de pintar una explanada sin el color de la ausencia. Una noche que amanece al mismo tiempo que las nubes juegan con el brillo más real de una oscuridad que se evapora tras los pasos de un segundero encallado a las cuatro menos veinte. Dormir y mirar a través de una ventana de marfil, fría por el viento...

miércoles, 28 de enero de 2009

Un boli sin tinta...


Un tic tac que se repite. Misma hora, idéntico reloj, semejante lugar... Envite a la rutina que te obliga a olfatear sus pasos! Aún así, algo bueno: los papeles pesan menos. Hoy será un buen día!

lunes, 12 de enero de 2009

Hasta febrero people!


Grises que delatan imágenes que siempre estuvieron detrás. Hay cartas que no necesitan respuesta para luchar y fingir un esquema artificial que evite caminar sobre líneas paralelas que se cruzan para, por fin, alcanzar quizá un ideal: quedarse mudo bajo una noche que se escapa tras pasos sobre la nieve... Volveremos en un mes con la batería a medio gas! AnImO

martes, 4 de noviembre de 2008

Anochece en la ciudad



Detrás de un balcón mojado se esconde un juguete dormido en la pared. Los ronquidos camuflados por la rugosidad de unas sábanas recién lavadas sugieren calma. Otro día de 36 horas despierto al calor de una vela, escondido entre papeles de cemento y con los puños dentro de una sudadera dos tallas más grande, alejado del mundo, con la nariz fría y centrado en avanzar cuando la ciudad duerme. Y mientras, juegos urbanos en la oscuridad. El silencio se quiebra cada hora por el crujir de una madera solitaria, el viento roza la última ventana de un edificio de ocho alturas y la farola más alejada guiña un ojo para engañar al despiste entre las sombras... Tic, tac... Luces artificiales que se apagan. Toca dormir. ¡Por fin!