martes, 30 de septiembre de 2008

El mejor escondite



El reto de jugar al escondite te ponía nervioso, como cuando una ola te arrastraba sin tu permiso mar adentro creando un pulso entre lo permitido y lo prohibido. De la misma manera, con los nervios de acero, el estómago encogido y el ingenio a flor de piel, te ocultabas tras uno de los setos de tu barrio, aquel tan grande que ya no existe, y procurabas no hacer ruido mientras te buscaban por todos los rincones. Era divertido ver sin ser visto, escuchar sin ser oído, no estar pero estar, sentirte a salvo en definitiva. Por ello, hoy quiero dar las gracias a quienes siguen jugando al escondite conmigo detras de sus rincones favoritos, aunque no estén a la vista. Uno, dos, tres... ¿Jugamos? -yo también me sé esconder-

2 comentarios:

cuchipú dijo...

Tengo miedo.

Jugábamos al escondite.
Yo me ocultaba
y tú me perseguías.
Pasaron largas horas
y tú no me encontrabas.
Pasó la primavera,
se esfumaron los largos días de verano
y vino el otoño con su crujir de madera seca
y vino el invierno con su dolor de corazón sepultado en la nieve.
Te espero en mi rincón
y tengo miedo.

Ten dijo...

Me gusta. Mucho.